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domingo, 3 de enero de 2016

La Seu més bella


Aquest Nadal he tingut l'oportunitat de gaudir d'una esplèndida visita a la Seu Vella de Lleida. El campanar només es podia intuir degut a la densa boira que envoltava el turó. Una boira que conferia a la catedral un embolcall de misteri i màgia.

De fet, els preciosos finestrals del claustre que miren a la ciutat només ens mostraven una blancor omnipresent, com si estiguéssim suspesos d'un núvol. Com si estiguéssim ja al paradís. De fet, aquest claustre és un autèntic paradís medieval.

Finestrals amb infinites formes geomètriques formen un calidoscopi que
transita del romànic al gòtic en perfecta harmonia. Capitells i cornises que prenen vida amb enfiladisses laberíntiques que tendeixen a l'infinit  i una àmplia mostra del bestiari medieval: aus amb cap humà, dracs amb ales de plomes... No podien faltar els motius religiosos, com un nen Jesús embolcallat. De fet, la Seu va acollir una relíquia singular: el Sant Drap, el primer bolquer del Messies. Cada racó, cada pedra d'aquest lloc em xiuxiueja, formant una simfonia meravellosa.



Vaig pujar amb el meu fill al campanar del segle XV amb uns gens menyspreables 60 metres d'alçada. A mida que pujàvem, li anava ensenyant els diferents senyals dels picapedrers. Precisament, es va entusiasmar quan va descobrir el perfil d'un martell. A dalt, ens van donar la benvinguda la Silvestra i la Mònica, les dues campanes que, tot i el pes de sis segles a sobre, segueixen tocant de manera enèrgica.

L'interior de l'església torna a oferir-nos un duet perfectament empastat entre
romànic i gòtic, el resultat del qual és la magnificència.

Pintures de la capella de Santa Margarida.
A la capella de Santa Margarida, trobem les pintures millors conservades de tota la catedral. Es tracta d'un calvari pintat pels volts de 1330, una data que queda palesa en alguns detalls de la composició com els preciosos vestits de les dones amb teles de colors vius. A la dreta trobem tres homes d'armes, també amb elements característiques de la època com l'escut triangular.

Un marxa de La Seu amb la sensació d'haver gaudit d'un festí per als sentits. Sens dubte, la Seu mes bella...


La Seu más bella

Esta Navidad he tenido la oportunidad de disfrutar de una espléndida visita a
la Seu Vella de Lleida. El campanario sólo se podía intuir debido a la densa niebla que rodeaba el cerro. Una niebla que confería a la catedral un halo de misterio y magia.

De hecho, los preciosos ventanales del claustro que se asoman a la ciudad sólo nos mostraban una blancura omnipresente, como si estuviéramos suspendidos en una nube. Como si estuviéramos ya en el paraíso. De hecho, este claustro es un auténtico paraíso medieval.



Ventanales con infinitas formas geométricas forman un calidoscopio que transita del románico al gótico en perfecta armonía. Capiteles y cornisas que toman vida con enredaderas laberínticas que tienden al infinito y una amplia muestra del bestiario medieval: aves con cabeza humana, dragones con alas plumadas... No podían faltar los motivos religiosos, como un niño Jesús arropado. De hecho, la Seu acogió una reliquia singular: el Santo Paño, el primer pañal del Mesías. Cada rincón, cada piedra de este lugar me susurra, formando una sinfonía maravillosa.

Subí con mi hijo en el campanario del siglo XV con unos nada despreciables 60 metros de altura. A medida que subíamos, le iba enseñando las diferentes señales de los canteros. Precisamente, se entusiasmó cuando descubrió el perfil de un martillo. Arriba, nos dieron la bienvenida la Silvestra y la Mónica, las dos campanas que, a pesar del peso de seis siglos encima, siguen tocando de manera enérgica.

El interior de la iglesia vuelve a ofrecernos un dúo perfectamente empastado entre románico y gótico, cuyo resultado es la majestuosidad.

Pinturas de la capilla de Santa Margarita.
En la capilla de Santa Margarita, encontramos las pinturas mejor conservadas de toda la catedral. Se trata de un calvario pintado alrededor de 1330, una fecha que queda patente en algunos detalles de la composición como los preciosos vestidos de las mujeres con telas de colores vivos. A la derecha encontramos tres hombres de armas, también con elementos característicos de la época como el escudo triangular.

Uno se marcha de La Seu con la sensación de haber disfrutado de un festín para los sentidos. Sin duda, la Seu más bella ...

martes, 25 de diciembre de 2012

York, una Navidad de postal

Catedral de York.

El viaje navideño que recuerdo con más cariño es sin duda el que me llevó a York. Y es que en diciembre esta joya del Medievo inglés rezuma navidad por los cuatro costados. Podrás encontrar un coro de estudiantes cantando villancicos en una callejuela mientras por detrás se asoma curioso el gran gigante de Yorkshire, la catedral de York, la construcción gótica más grande del norte de Europa. Destaca en su vidriera frontal un corazón de tracería florentina, el conocido como Heart of Yorkshire.

En sus calles podemos descubrir sus casas milenarias, algunas con las típicas maderas negras que contrastan con la cal blanca. Otras cuya planta superior sobresale y está a punto de tocarse con la casa de la acera de enfrente. En algunas equinas podemos ver algunos motivos esculpidos en madera, como el torso de una mujer desnuda –seguramente una sirena– que en su día decoraba la proa de un barco.


Y es que si de algo puede presumir York es de historia. No en vano fue cuna de romanos, vikingos y normandos, y el resultado hoy es un marco incomparable. De hecho, en una visita guiada se puede ver en un mismo lugar diferentes estratos de muralla según su origen romano, vikingo o normando. Una auténtica metáfora: la historia la escribimos todos.

Y de la muralla quería hablaros. De hecho, York alberga la de mayor recorrido de Inglaterra: 3,4 km. Hoy se puede dar un relajante paseo por sus almenas. Lo que otrora fue un trajín de soldadesca hoy es un remanso de silencio y un balcón privilegiado para avistar la ciudad.

Micklegate Bar.
Y no hay mejor manera de rematar este paseo que visitar algunas de las puertas de entrada a la ciudad, que conservan su esplendor medieval. Es el caso de la Micklegate Bar, la puerta de entrada a York empleada por las comitivas reales y donde colgaban las cabezas de los reos y los ejecutados por ser considerados enemigos del reino, algunos de alta alcurnia como fue el caso Richard Plantagenet, padre de Eduardo IV y Ricardo III. En este ‘minimuseo’ uno puede divertirse ‘jugando’ a ser una de esas cabezas, un recurso que tal vez se empleó el teatro callejero de la época.

Una muestra de la carga histórica ciudad es su etimología. Prácticamente todas sus calles acaban con la expresión gate, procedente de la palabra vikinga gata, que significa ‘vía, sendero’. Es el caso de Whip Ma Whop Ma Gate, una de las calles más pequeñas de la ciudad, que paradójicamente tiene el nombre más largo.

En extramuros podemos encontrar las ruinas de la Abadía de Santa María, un lugar lleno de magnetismo. Sus árboles retorcidos parecen cobrar vida, una mezcla de encanto y misterio.

Una curiosidad: la multinacional McDonald’s tentó al consistorio de York prometiéndole una jugosa suma de dinero y una amplia zona ajardinada si le dejaban poner una 'M' gigante de su logo en una de las puertas medievales de la ciudad. Por suerte, el ayuntamiento declinó la oferta.

De haber prosperado la tentativa, dudo que la 'M' gigante hubiera estado mucho tiempo en pié. De buen seguro que los guerreros romanos, vikingos y normandos hubieran recobrado vida ante tal afrenta y unos pocos golpes de hacha de esos fornidos brazos habrían bastado para hacer caer el logo gigante. Quizás más rápido que en lo que tarda esta cadena de fast food en hacer una hamburguesa.

Yo os propongo otra 'M', menos hostil y más cálida: Merry Christmas.

Festival of Angels.


sábado, 24 de noviembre de 2012

El humor irreverente de los Cuentos de Canterbury

Cuentos de Canterbury
Hace algunos años me leí esta obra de Geoffrey Chaucer, considerada una de las más importantes de la Inglaterra medieval. El libro narra la historia de un grupo de peregrinos de diferentes estratos sociales que coinciden en una posada al sur de Londres en su camino hacia la catedral de Canterbury, para venerar al santo Thomas Becket. El grupo, sin duda,  variopinto: un caballero, un molinero, un cocinero, un fraile, un mercader, un alguacil, un escudero, una priora y un erudito, entre otros. El tabernero les propuso un juego para que no se aburrieran durante el viaje: que cada uno contase un cuento con la promesa de un banquete para el mejor narrador.

Pues bien, yo quería hablaros del cuento del Alguacil, que narra la historia de un fraile de Yorkshire con muy pocos escrúpulos, que va chantajeando al populacho con la amenaza de las llamas del infierno para sacarles todo el dinero y las viandas que puede.

Después de extorsionar a diestro y siniestro, se dirige a la casa de una familia acomodada donde siempre es bien agasajado. El dueño está enfermo. Nuestro fraile se dirige a él con letanías y sermones, pero el amo lo deja en evidencia: “Estos últimos años llevo gastadas libras y más libras en toda clase de frailes y no he mejorado en absoluto”.

Catedral de Canterbury
El monje tiene la desfachatez de decirle que si está enfermo es porque no ha dado suficiente a la Iglesia.

Al final, el señor de la casa le dice al fraile que le dará algo para su convento, con la única condición de que lo reparta a partes iguales entre todos los frailes... Le dice que en sus nalgas tiene escondido un secreto. El fraile no lo duda ni un momento y cuando está escudriñando entre las posaderas, el enfermo le suelta un pedo –“ningún caballo de los que arrastran el carro jamás soltó uno tan ruidoso”–.
Entrada a la catedral de Canterbury


El fraile dio un respingo y salió de allí hecho una furia, maldiciendo y lanzando exabruptos.

Un regalo así, e incluso algo más escatológico, bien se merecerían personajes actuales de la iglesia como Benedito XVI y, sin ir más lejos, Rouco Varela, por algunas de las barbaridades que han llegado a decir.

¡Qué Dios me perdone! Lo que acabo de decir bien me podría valer la hoguera.

En cualquier caso, aunque el dicho reza “la venganza es un plato que se sirve frío”, no hay que desdeñar los poderosos efectos de una ventosidad caliente…