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sábado, 16 de abril de 2016

El 'ora et labora' vuelve al Monasterio de Les Franqueses

Monasterio de Santa Maria de les Franqueses
Todavía siento en mi espíritu el gozo que me produjo haber asistido al peregrinaje del Monasterio de Santa Maria de Les Franqueses a principios de abril. Allí conseguí hacer penitencia por algunos viejos pecados y reconciliarme con el Señor.

Pues resulta que yo soy notario del Conde de Urgell Ermengol VIII y al enterarme que hacían un peregrinaje a Les Franqueses, decidí escribir a la abadesa para ver si podía asistir. Le confesé que de niño iba habitualmente con mis amigos a los alrededores del monasterio y nos entreteníamos haciendo travesuras a las pobres monjas, poniendo arañas en los hábitos tendidos o pimienta en las sagradas hostias. ¡Que Dios me perdone!

En fin, que solicité a la Abadesa si podía hacer la peregrinación y recibir la absolución de estos pecados que vienen de lejos. Berenguera de Rocafort aceptó y me impuso como penitencia escribir un documento notarial para una infeudación -ya os contaré ya, cómo se complicó la cosa-.

Al llegar a Les Franqueses me invadió una avalancha de imágenes de la niñez. Sentía las risas y las carreras delante de la abadesa, mientras nos gritaba: ¡arderéis en el infierno!

El sábado se celebró una comida multitudinaria en el refectorio del monasterio. En la mesa principal se sentaron las hermanas junto con los nobles y autoridades. Los peregrinos estábamos en las dos mesas restantes. Algunos comíamos con fruición, pues habíamos caminado durante muchas horas bajo un Lorenzo que ya empezaba a castigar.

La misa de la tarde fue especialmente emotiva. Entre los maravillosos cánticos de los juglares y los rayos celestiales que se proyectaban por los ventanales del ábside, sentir el éxtasis estaba al alcance del más incrédulo.

Las hermanas nos llevaron a los peregrinos a dar un pequeño paseo por los alrededores del monasterio. Allí fue cuando Berenguera confesó la dificultad de mantener tantas tierras y la necesidad de infeudar el monasterio para garantizar la supervivencia de la comunidad.

De hecho, justo después se llevó a cabo la ceremonia de infeudación, donde intervine como notario. Hubo momentos delicados de estira y afloja entre la abadesa y Pedro de Aula, el leridano que adquirió los derechos de explotación de las propiedades monásticas.

Uno me decía, -Cambia esto-, el otro, -Borra esto-. El escollo principal era la cantidad total de la operación. Que si 2.000 áureos es una cifra razonable y de aquí no bajo, que 1.600 es lo máximo que puedo ofrecer... La abadesa intentaba hábilmente jugar la carta de la absolución en favor de sus propios intereses:

Foto de Alberto Camacho.
-Intentar regatear a una abadesa no es la mejor manera de conseguir la salvación eterna, no creéis?- Finalmente, 1.800 áureos y 500 sueldos censales anuales. Cuando firmaron todos los testigos respiré aliviado. Al fin y al cabo, aquel contrato también sellaba el perdón de algunos de mis pecados.

El domingo, Miquel me invitó a unirme a una cacería por los alrededores del monasterio. A orillas del río hay unos caminos preciosos, donde la luz se filtra entre las copas de los árboles. Vimos huellas de jabalí y finalmente pudimos cazar uno con la ayuda inestimable de nuestro compañero Xavi, que se dejó la piel...

Fuimos a un tramo del río donde las rocas ofrecen unas formas sinuosas por el desgaste del agua y
donde se forman pequeños charcos cuando llueve. Alguien se imaginó que allí se debían bañar las monjas ... lo que provocó más de una sonrisa jocosa. Enseguida nos pusimos en marcha para borrar de nuestra mente estos pensamientos pecaminosos.

Bueno, dejemos atrás el 1219 y volvamos al 2016. Esta recreación en Santa Maria de les Franqueses fue el marco de presentación del grupo Recognoverunt Proceres, formado por Arnau Mir de Tost y las Dames de Salern. Colaboraron el Ayuntamiento de Balaguer y el Museo de la Noguera.

De hecho, el domingo se realizó una visita guiada al Monasterio por parte del Museo mientras los recreacionistas dábamos vida a las diferentes estancias del cenobio: el huerto, el despacho de la abadesa, la cocina, el telar y el escriptorium.

Al final, todos los peregrinos volvieron sobre sus pasos con el recuerdo de un rincón cargado de espiritualidad y paz. Así es el Monasterio de Santa Maria de las Franqueses.



sábado, 27 de febrero de 2016

El castell de Sentmenat torna al segle XIII

Castell de Sentmenat
El passat 13 de febrer vaig tenir la sort de poder assistir a la recreació privada del Castell de Sentmenat, organitzada pels Templers del Comtat de Barcelona i l'Ordre de l'Espasa.

El castell em va donar bona impressió des del principi. La seva planta semicircular el fa molt atractiu a la vista. Però a més de la seva elegància, es tracta d'una fortificació molt funcional. De fet, va ser emprada des del segle XI fins el XVIII, així que no es pot demanar més. Bé, podríem dir que fins el segle XXI, ja que, com explicaré, també ens va oferir la seva protecció.

La nova eina d'en Miquel
A l'esplanada a peus del castell vam muntar la paradeta la gent d'Arnau Mir de Tost i les Dames de Salern. A la taula no faltava res: menjar en abundància, els licors excels del Xavi l'Alquimista, els embotits suprems de l'Albert i diferents tipus d'estris.

El Miquel ens va ensenyar noves eines, com una mena d'aixada corba per treballar la fusta o pedres de sílex per fer foc. I allà que es va posar a tallar un tronc per a fer una mena de bol. ¡És un manetes medieval!

Jo portava el meu petit escriptorium, precisament obra d'en Miquel. Vaig continuar el meu manuscrit d'una pàgina de la Bíblia de Sant Pere de Rodes del segle XI. ¡Vull el llibre per les quatre de la tarda! em deien de conya.

Al aixecar-se el vent vam haver d'anar dintre del castell a fer el dinar. Un gran forat al terra semblava fet expressament per fer unes bones brases. I és que estàvem cuinant precisament a les antigues cuines del castell. Era una escena certament enigmàtica. Les ombres crepitaven i semblaven ànimes que creixien a les parets.

Dames de Salern i Arnau Mir de Tost
Després d'un bon àpat i de petar la xerrada a la sobretaula -d'aquelles sobretaules que es gaudeixen perquè no hi ha presa de res-, a la tarda vaig animar-me a participar en un entrenament de les milícies de la Corona d'Aragó del segle XIII, organitzat pel grup Aliger Ferrum. Algunes de les cervelleres que duien estaven inspirades en les pintures murals del Saló del Tinell de Barcelona. Quin goig que feien! Semblava que les pintures haguessin cobrat vida.

¡Vaig gaudir com un nen! Vam muntar dues línees de llancers. Els que estàvem a primera línea havíem de fer cops de llança ascendents i els de darrera, descendents. Aquests últims havien de fer passar la llança per l'espai deixat entre els dos peons de la línea davantera. Era un exercici que exigia molta precisió.


Milícies i cavaller instructor preparant-se per l'entrenament
A la primera línea vam practicar una altra posició: posar l'extrem de fusta de la llança al peu dret i aguantar la punta en posició ascendent. M'imagino que aquesta era la manera de plantar cara a una càrrega de cavalleria de l'enemic, després de llençar algun dard quan hi eren aprop just abans de preparar la llança. Els que sou experts en la matèria ja em direu si és correcte.


El cavaller instructor cridava a l'ordre quan hi veia alguna cop de llança una mica dèbil, reclamant cops més contundents. I compte qui volgués fer broma, que s'emprenyava com una mona!

Després l'entrenament es va anar complicant. Als moviments de les llances es va afegir la marxa de la formació. El soldat que estava a la dreta del tot marcava el ritme. Primer a pas ràpid, després a galop i després la càrrega final. Aragoooooooó!


El castillo de Sentmenat vuelve al siglo XIII

El pasado 13 de febrero tuve la suerte de poder asistir a la recreación privada del Castillo de Sentmenat, organizada por los Templarios del Condado de Barcelona y la Orden de la Espada.

El castillo me dio buena impresión desde el principio. Su planta semicircular lo hace muy atractivo a la vista. Pero además de su elegancia, se trata de una fortificación muy funcional. De hecho, fue empleada desde el siglo XI hasta el XVIII, así que no se puede pedir más. Bueno, podríamos decir que hasta el siglo XXI, ya que, como explicaré, también nos ofreció su protección.

En la explanada a los pies del castillo montamos la parada la gente de Arnau Mir de Tost y las Dames de Salern. En la mesa no faltaba de nada, comida en abundancia, los licores excelsos de Xavi el Alquimista, los embutidos supremos de Alberto y diferentes tipos de utensilios.

Miquel nos enseñó nuevas herramientas, como una especie de azada curva para trabajar la madera o piedras de sílex para hacer fuego. Y allí que se puso a cortar un tronco para hacer una especie de bol. ¡Es un manitas medieval!

Yo llevaba mi pequeño escriptorium, precisamente obra de Miquel. Continué con mi manuscrito de una página de la Biblia de Sant Pere de Rodes del siglo XI. ¡Quiero el libro para las cuatro de la tarde! me decían de broma.

Al levantarse viento tuvimos que ir dentro del castillo a hacer la comida. Un gran agujero en el suelo parecía hecho expresamente para hacer unas buenas brasas. Y es que estábamos cocinando precisamente en las antiguas cocinas del castillo. Era una escena ciertamente enigmática. Las sombras crepitaban y parecían ánimas que crecían en las paredes.

Después de una buena comida y de una charla reposada en la sobremesa -de esas sobremesas que se disfrutan porque no hay ninguna prisa por acabar-, por la tarde me animé a participar en un entrenamiento de las milicias de la Corona de Aragón del siglo XIII, organizado por el grupo Aliger Ferrum. Algunos capacetes estaban inspirados en las pinturas murales del Saló del Tinell de Barcelona. ¡Que lustrosas quedaban! Parecía que las pinturas hubieran cobrado vida.

¡Disfruté como un niño! Montamos dos líneas de lanceros. Los que estábamos en primera línea teníamos que dar golpes de lanza ascendentes y los de atrás, descendentes. Estos últimos tenían que hacer pasar la lanza por el espacio dejado entre los dos peones de la línea delantera. Era un ejercicio que exigía mucha precisión.

En la primera línea practicamos otra posición: poner el extremo de madera de la lanza en el pie derecho y aguantar la punta en posición ascendente. Me imagino que ésta era la manera de hacer frente a una carga de caballería del enemigo, después de lanzar algún dardo cuando estaban cerca justo antes de preparar la lanza. Los que sois expertos ya me diréis si es correcto.

El caballero instructor llamaba al orden cuando veía algún golpe débil de lanza, reclamando golpes más contundentes. Y que no se te ocurriera hacer una broma, ¡que te clavaba una bronca del demonio!

Después el entrenamiento se fue complicando. A los movimientos de las lanzas se añadió la marcha de la formación. El soldado que estaba a la derecha del todo marcaba el ritmo. Primero a paso rápido, luego a trote y después la carga final. Aragoooooooón!
   

domingo, 28 de septiembre de 2014

Piel de Harpía

Tienda vikinga.
Detalle de un musulmán de
Al-cura.
El pasado fin de semana Balaguer volvió a recuperar sus días dorados como capital del Comtat d'Urgell de la mano de más de 200 recreacionistas. Allí estuvo este humilde servidor en su doble faceta de cronista y caballero de la guardia condal.

Y es que los condes no repararon en gastos para ofrecer tres días de grandes festejos para el deleite de sus vasallos. Tras dar una vuelta por el campamento, al visitante le queda bien claro que en el Medievo quien se aburría era porque quería. Porque no todo se reducía al acero, amigas y amigos: juegos de pelota, destilación con alambrique, sesión de escriptorium, consejos de belleza, acuñado de monedas, por no hablar de los banquetes de la mano de Bastimento, con esa sopa de almendras y ese pollo con salsa de melocotón que muchos devoramos con fruición. Por no hablar de su hidromiel e hipocrás... puro elixir...

Sergio López.
Taller de caligrafía medieval.
Pero ahuyentemos las tentaciones del pecado y centrémonos en actividades más virtuosas. Justamente, yo el sábado asistí al taller de introducción a la caligrafía medieval impartido por Sergio López (Horiulfo), de Guardianes del Castelar. Fue realmente instructivo, ya que pudimos conocer algunas curiosidades, como que en aquella época también se empleaban abreviaturas mediante una serie de signos. Así que no vayamos de modernos con nuestro lenguaje whatsappero, que lo de acortar ya se inventó hace siglos. Sergio también nos explicó que existen multitud de variantes de las caligrafía carolina y gótica, y que cada escribanía solía emplear una seña de identidad propia, haciendo el rabillo de una letra de una manera particular.

Juego de La Soule.
Autor: Miquel del Riu
Pero no hay mens sana sin corpore sano, así que un grupo de vasallos se entregaron al juego de La Soule, organizado por Paco Boru. Una doncella permanece quieta en un extremo del campo y otra, en la otra punta. Cada equipo debe intentar llevar la pelota con palos y patadas a la 'parroquia' del equipo contrario. Hubo un momento que se produjo un auténtica melé de doncellas que buscaban desesperadamente la pelota, pero con los bajos de sus vestidos no la conseguían localizar. Al final, resulta que se la habían dejado unos metros atrás. Pues bien, al final, el equipo vencedor se llevó a la doncella como trofeo a su campamento, entre los vítores y las carcajadas del público.

Foto de familia de Arnau
Mir de Tost tras la batalla.
Por la tarde, sonaron los tambores de guerra, así que todos los combatientes fueron prestos a pertrecharse. En una primera fase se enfrentaron fuerzas vikingas contra las huestes musulmanas de Al-Qura, en un choque lleno de colorido. Después nos tocó el turno a los combatientes del siglo XIII. Llegó el momento de saldar cuentas con el Obispado por la disputa de unas tierras. La verdad es que tener a todas las órdenes militares en el bando contrario impone mucho respeto ¡Con la iglesia hemos topado! Pero al final, la victoria fue nuestra y las tierras volvieron al dominio condal. Fue un honor luchar al lado de mi nuevo compañero de armas Miquel. Seguiremos defendiendo los colores del Urgell allí donde sea menester.

La reina del baile
Miquel, con el estandarte de
Arnau Mir de Tost.
La Harpía de Balaguer.
Tras el tradicional desfile de antorchas por la muralla, algunos pudimos disfrutar del baile de la Harpía en la Plaza Mercadal, la figura mitológica -una ave con cabeza de mujer- más importante del bestiario de Balaguer, convertida en una geganta. Sin duda, una imagen llena de fuerza y magnetismo que simboliza a la perfección el carácter de esta ciudad, que mira al pasado con orgullo, no con nostalgia.

Homenaje a Ferran Balaguer.
Al regresar al campamento, se produjo el momento más emotivo del encuentro: el homenaje a Ferran Balaguer, el pionero de la recreación medieval en Catalunya recientemente desaparecido. Todos dejamos la antorcha en un pebetero y alrededor del fuego escuchamos los cánticos de la coral Ligua Franca. Después, sólo las campanas de Santa María de Balaguer se atrevieron a romper el silencio. Parecían unirse de esta manera al tributo... Piel de gallina, mejor dicho, piel de Harpía... Al final, el Premio Ferran Balaguer recayó en Jaume Penyafort, compañero de Ferran en el grupo Arquers del Rei Jaume.

Actuación de La Ringlera.
Pero, como bien dijo Ricard Monfort, de Arnau Mir de Tost, el homenaje no hubiera estado a la altura si nos hubiéramos dejado llevar por la tristeza. Y quién mejor para levantar los ánimos que el grupo La Ringlera. Sus tambores y grallas llenaron la noche de Balaguer de risas y buen rollo. Sólo deciros que al día siguiente tenía agujetas en los brazos y no sabía si era de la batalla o de tanto aplaudir.

Tienda de Al-cura.
El domingo fue el día de puertas abiertas del campamento. Se produjeron situaciones curiosas, como ver a algunas vecinas musulmanas de Balaguer haciendo fotos de manera apasionada a los guerreros almorávides de Al-cura (Alcora) y sus preciosas mujeres. Y es que, al final, todos estamos conectados a través de la historia.

Tienda de las Dames de Salern.
Y la actividad siguió frenética en el campamento. Mientras unos seguían con los juegos de pelota, las Dames de Salern desvelaban los secretos de belleza y salud para que una doncella estuviera 'divina' después de un largo viaje. Sin esos consejos, de buen seguro que muchas nobles y reinas no hubieran logrado persuadir con sus encantos para lograr ese tratado de paz tan provechoso o no hubieran causado tan buena impresión en determinada corte.

Muy cerca de allí, Xavi, el alquimista de Arnau Mir de Tost, destilaba aguardiente con el alambrique, pensando en su próximo objetivo: ¿El elixir de la vida eterna quizás? ¡Tiempo al tiempo! 

Sólo puede quedar uno
Empezó a chispear, amenazando la celebración de las lizas, pero nueve caballeros estaban ya pertrechados. No miraban al cielo, ni se preocupaban por el posible óxido que podía aparecer en sus armaduras, sólo pensaban en combatir. Y ciertamente lo hicieron de manera magistral. La final enfrentó a dos grandes guerreros curtidos en mil batallas: Carlos, de Miles Seculi, y Roger, de la Orden de la Espada. El trofeo se lo llevó Carlos, que revalidaba de esta manera el título de la pasada edición. 

Mesa de Arnau Mir de Tost.
Dolors, de Arnau Mir de Tost, junto
a Kiwi.
Pero no fue el único agasajado. El premio de la competición de azconas lo alzó Julio, de la coral Lingua Franca; el de hachas, Carlos Merchant, de Miles Seculi; Alba Ulfsteinsdottir, de Fornafolket, se impuso en la categoría de mejor vestimenta femenina; José Serrano, de Al-cura (Alcora), en la de mejor indumentaria masculina, y la jaima de las Dames de Salern fue considerada la mejor decorada.

Esta vez volví a casa con la sensación de no ir solo por los caminos. Quizás era Harpía, que con su vuelo imperial iba ahuyentando los peligros que me acechaban.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Dover Castle: la joia d'Enric II


Dover Castle.
Aquestes vacances he tingut la sort de visitar un dels castells més imponents d'Anglaterra: Dover Castle. Situat a uns 110 km de Londres, s'alça sobre els famosos penya-segats blancs d'aquesta localitat situada al comptat de Kent.

De fet, aquest lloc ha estat testimoni dels episodis més importants de la història britànica: des de la vinguda dels romans, passant per la conquesta normanda fins a la primera i segona guerra mundial. No en va se l'anomena la clau d'Anglaterra pel seu caràcter estratègic.

 Centrem-nos, però, a la seva època més esplendorosa: el regnat d'Enric II, el rei mes poderós de la seva època, senyor de l'Imperi Angeví, que s'estenia des d'Escòcia fins als Pirineus. Ell va voler plasmar aquest esplendor a la torre de l'homenatge de Dover, construïda entre els anys 1180 i 1185. Una sòlida torre de planta quadrada, amb murs de més de sis metres d'amplada i 25 metres d'alçada.


Torre de l'homenatge del Dover Castle.
Al seu interior l'English Heritage, una entitat pública encarregada de gestionar bona part del patrimoni històric del Regne Unit, ha fet una espectacular recreació de totes les cambres tal i com podrien haver estat just en el moment de la seva inauguració. 

De fet, segons l'English Heritage, és el projecte més ambiciós de recreació d'un palau medieval en més d'un segle. Al llarg de les tres plantes de la torre de l'homenatge s'hi exposen més de 500 peces que han requerit de la feina meticulosa d'un exèrcit de mestres artesans -ferrers, pintors, teixidors, terrissaires i fusters-, dirigits per un equip d'historiadors que han dedicat anys a investigar com seria la cort d'Enric II.

Planta baixa
Estandart amb l'escut
d'armes d'Enric II.
Aquí era on se situaven les cuines, la cerveseria, el forn i l'armer. Un espai ampli per a poder cuinar per a una cort àvida d'excessos, preparat per a encabir olles gegants, penjar peces senceres de vedella i xai, i a on, sobretot, no hi podien faltar els barrils de vi procedents de ben segur de la vall del Loira, on va néixer Enric II. 

A la part dretana de la planta baixa hi ha una gran escalinata. Aquí és on es feien les rebudes oficials. Inclou una característica única dels edificis normands d'aquests tipus: un capella per donar gràcies per haver-hi arribat sa i estalvi.


Moble de la cambra de
convidats.
Tapissos de la cambra de convidats.
Primera planta 
Pujant per les escales de cargol de l'esquerra, la primera planta dóna a la cambra de convidats, un espai ricament decorat amb armaris i baguls policromats amb preciosos detalls de ferradura i  tapissos que recreen escenes de caça. Fins i tot hi ha dos llits petits per infants. Recordem que els promesos reials d'aquella època eren menors en moltes ocasions. 

A l' ala dreta d'aquesta planta trobem el saló de convidats, on de ben segur s'hi van celebrar banquets exquisits i s'hi van xiuxiuejar intrigues de palau. Potser aquest va ser també l'escenari on alguns dels seus fills van començar a conspirar contra ell. 
Saló de convidats.

Segona planta

Recreació del llit reial.
Detall del moble
de la cambra reial.
Aquí trobem la cambra privada del rei, on és fàcil quedar-se bocabadat i aclaparat davant tantes expressions de luxe i distinció. Cal aturar-se i observar amb molta cura per tal d'assimilar tots els detalls. Sobre els mobles policromats podem trobar les figures pintades dels reis d'Israel David i Salomó, i dels reis de Judà Asa i Josafat, evocant d'aquesta manera l'origen diví de la monarquia. 

El llit és un conjunt espectacular: amb pintures al capçal i, als costats, tapissos i cadires amb poms en forma de caps d'àliga que transmeten una gran solemnitat. Davant la llar de foc, que per cert és encesa per donar caliu a la cambra, hi trobem una taula amb la reproducció dels escacs de l'illa de Lewis que s'exposen al British Museum de Londres, un detall molt encertat, ja que data del segle XII. El visitant se sent un petit vassall davant aquesta majestuositat... Ben bé aquest devia ser l'objectiu.
Saló reial d'Enric II.
Tapís del saló reial.

Al costat, el saló reial presidit per un impressionant tapís que llueix el ferotge lleó rampant procedent de l'escut d'armes d'Enric II. Els tapissos dels laterals recreen la conquesta normanda, això sí, amb la indumentària i l'armament corresponents a finals del segle XII. No deixeu passar l'oportunitat de seure al tron del rei, una veritable joia d'ebenisteria, i experimentar per uns segons que se sent tenint un imperi a les teves mans.


Dover Castle: la joya de Enrique II
Trebuchet.
Estas vacaciones he tenido la suerte de visitar uno de los castillos más imponentes de Inglaterra: Dover Castle. Situado a unos 110 km de Londres, se levanta sobre los famosos acantilados blancos de esta localidad situada en el condado de Kent.

De hecho, este lugar ha sido testigo de los episodios más importantes de la historia británica: desde la venida de los romanos, pasando por la conquista normanda hasta la primera y segunda guerra mundial. No en vano se le denomina la llave de Inglaterra por su carácter estratégico.

Barbacana del siglo XII.
Pero centrémonos en su época más esplendorosa: el reinado de Enrique II, el rey más poderoso de su época, señor del Imperio Angevino, que se extendía desde Escocia hasta los Pirineo. Él quiso plasmar este esplendor en la torre del homenaje de Dover, construida entre los años 1180 y 1185. Una sólida torre de planta cuadrada, con muros de más de seis metros de anchura y 25 metros de altura.

En su interior el English Heritage, una entidad pública encargada de gestionar buena parte del patrimonio histórico del Reino Unido, ha hecho una espectacular recreación de todas las cámaras tal y como podrían haber sido justo en el momento de su inauguración.

De hecho, según el English Heritage, es el proyecto más ambicioso de recreación de un palacio medieval en más de un siglo. A lo largo de las tres plantas de la torre del homenaje se exponen más de 500 piezas que han requerido del trabajo meticuloso de un ejército de maestros artesanos -herreros, pintores, tejedores, alfareros y carpinteros-, dirigidos por un equipo de historiadores que han dedicado años a investigar cómo sería la corte de Enrique II.

Planta baja
Cocina.
Aquí era donde se situaban las cocinas, la cervecería, el horno y la
armería. Un espacio amplio para poder cocinar para una corte ávida de excesos, preparado para acoger ollas gigantes, colgar piezas enteras de ternera y cordero, y donde sobre todo no podían faltar los barriles de vino procedentes, de buen seguro, del valle del Loira, donde nació Enrique II.

En la parte derecha de la planta baja hay una gran escalinata. Aquí es donde se hacían los recibimientos oficiales. Incluye una característica única de los edificios normandos de este tipo: un capilla para dar gracias por haber llegado sano y salvo.

Primera planta 
Cama de Enrique II.
Tapiz con una recreación
del sello de Enrique II.
Subiendo por las escaleras de caracol de la izquierda, se llega a la cámara de
invitados, un espacio ricamente decorado con armarios y baúles policromados con preciosos detalles de herrería y tapices que recrean escenas de caza. Incluso hay dos camas pequeñas para niños. Cabe recordar que los prometidos reales de aquella época eran menores en muchas ocasiones.

En el ala derecha de esta planta encontramos el salón de invitados, donde a buen seguro se celebraron banquetes exquisitos y se susurraron intrigas palaciegas. Quizás este fue también el escenario donde algunos de sus hijos empezaron a conspirar contra él.

Segunda planta
Detalle del cabezal
de la cama de Enrique II.
Arcón situado en la estancia real.
Aquí encontramos la cámara privada del rey, donde es fácil
quedarse boquiabierto y abrumado ante tantas expresiones de lujo y distinción. Hay que pararse y observar con detenimiento para asimilar todos los detalles. Sobre los muebles policromados podemos encontrar las figuras pintadas de los reyes de Israel David y Salomón y de los reyes de Judá Asa y Josafat, evocando de este modo el origen divino de la monarquía.

Reproducción del ajedrez
de la isla de Lewis.
La cama es un conjunto espectacular: con pinturas en el cabezal y, a los lados, tapices y sillas con pomos en forma de
Recreación de un silla
de Enrique II.
cabezas de águila que transmiten una gran solemnidad. Ante la chimenea, que por cierto es encendida para dar calidez a la cámara, encontramos una mesa con la reproducción del ajedrez de la isla de Lewis que se expone en el British Museum de Londres, un detalle muy acertado, puesto que data del siglo XII. El visitante se siente un vasallo pequeño ante esta majestuosidad... De buen seguro que éste debía ser el objetivo.

Al lado, el salón real presidido por un impresionante tapiz que luce el feroz león rampante procedente del escudo de armas de Enrique II. Los tapices de los laterales recrean la conquista normanda, eso sí, con la indumentaria y el armamento correspondientes a finales del siglo XII. No dejéis pasar la oportunidad de sentaros en trono del rey, una verdadera joya de ebanistería, y experimentar por unos segundos que se siente teniendo un imperio en tus manos.

Más información sobre la recreación de la torre del homenaje de Dover Castle:

Reproducción de un mapamundi
expuesto en el salón real.