viernes, 13 de marzo de 2015

Com tocar el cel del gòtic Català

Una de les dues torres de la façana.
Recentment vaig fer una ruta guiada pels terrats de Santa Maria del Mar (Barcelona), una visita del tot recomanable. Unes estretes escales de cargol es converteixen en un túnel del temps cap a una de les èpoques més apassionants de la ciutat. Anem a parar a dalt d'una de las dues torres esveltes de la façana principal.
Des d'allà es domina una vista esplèndida del barri de la Ribera. La platja quedava només a uns 40 metres d'aquí. Es podien escoltar les onades barrejades en el clam de les campanes. I no només això: tot el tràfec de mercaderies, artesans i comerciants del port més important de la Corona d'Aragó.
Aquest barri humil però orgullós es mirava de reüll la catedral que s'estava construint dintre de les muralles tot preguntant-se: i perquè no tenir la nostra pròpia catedral? I dit i fet: en 54 anys va ser enlairada. No hagués estat possible sense la suor dels bastaixos -obrers de càrrega i descàrrega del port que havien de portar les mercaderies en barques fins els vaixells- pescadors, artesans, en definitiva, bona part del veïns.
La guia del recorregut ens fa una apreciació: els bastaixos no portaven les pedres caminant des de Montjuïc fins aquí com diu la novel.la La Catedral del Mar d'Ildelfonso Falcones sino que les baixaven de Montjuïc i les portaven en barcasses fins al temple. De totes manes, no crec pas que això els hi hagi de treure mèrits.
Rosetó principal de Santa Maria del Mar.

Rosetó
Sortint d'una de les torres trobem damunt dels nostres caps el gran rosetó. No és l'original, ja que al 1428 un terratrèmol el va destruir causant el pànic i la mort de molts fidels. Pobre del qui es trobés en aquell moment dins de la catedral. Es deuria pensar que allò era l'Apocalipsi.
Un dels rosetons dels laterals de les terrasses.
Per les terrasses laterals podem veure diversos rosetons petits. En aquest cas la pedra sí és la original, però els vitralls no. De fet, la pedra està ennegrida per un dels incendis que van afectar al temple. El que semblen contraforts són de fet canalitzacions per fer baixar l'aigua des de la teulada.
La vista des d'aquí és impecable: el Passeig del Born, on se celebraven les justes de cavallers, sembla una gran maqueta. Quina temptació la dels clergues que des d'allà somiaven amb dominar les voluntats d'aquells diminuts ciutadans. De fet, una sèrie de petites campanes de porcellana amaguen forats pels quals es poden veure les llums de les espelmes situades a la planta del temple. Aquest sistema de refrigeració del segle XV també podia ser una gran temptació per al rector de torn. Què fàcil era cridar per un d'aquests forats "empenediu-vos pecadors!"emulant la veu de Déu per després poder tenir ven ple el confessionari, conèixer tots els secrets del barri i poder utilitzar-los en benefici propi.
Passeig del Born.
Quina llàstima. Ja hem de baixar del cel gòtic català i tocar de peus a terra. Tot i això, des d'allà baix es pot contemplar un altre cel de pedra no menys meravellós. Allà, en una clau de volta, el meu subconscient localitza immediatament la imatge d'un cavaller. No és ni més ni menys que el rei Alfons el Magnànim alçant l'espasa a punt de carregar.
Situar-lo al punt més àlgid és una manera molt gràfica de representar l'origen diví de la monarquia, que en aquella època consolidava el seu poder recolçant intel.ligentment l'auge de la burgesia per fer de contrapès del clergat i la noblesa.
Però al final, l'admiració més gran se'n va cap aquests bastaixos, pescadors i artesans que suaven fins a l'última gota per tenir un plat a taula. I a sobre després de treballar es posaven a construir una catedral. Acariciant aquestes pedres puc notar les seves cicatrius...



Cómo tocar el cielo del gótico catalán
Vista de una de las torres de la fachada desde su
hermana gemela.
Recientemente hice una ruta guiada por las azoteas de Santa María del Mar (Barcelona), una visita muy recomendable. Unas estrechas escaleras de caracol se convierten en un túnel del tiempo hacia una de las épocas más apasionantes de la ciudad. Llegamos a lo alto de una de las dos torres esbeltas de la fachada principal.
Desde allí se domina una vista espléndida del barrio de la Ribera. La playa quedaba sólo a unos 40 metros de aquí. Se podían escuchar las olas junto al repicar de las campanas. Y no sólo eso: todo el ajetreo de mercancías, artesanos y comerciantes del puerto más importante de la Corona de Aragón.
Este barrio humilde pero orgulloso miraba de reojo la catedral que se estaba construyendo dentro de las murallas preguntándose: y porqué no tener nuestra propia catedral? Y dicho y hecho: fue construida en 54 años . No hubiera sido posible sin el sudor de los bastaixos -obreros de carga y descarga del puerto que llevaban las mercancías en barcazas hasta los navíos- pescadores, artesanos, en definitiva, buena parte de los vecinos.
La guía del recorrido nos hace una apreciación: los bastaixos no llevaban las piedras caminando desde Montjuïc hasta aquí como sostiene la novel.la La Catedral del Mar de Ildelfonso Falcones sino que las bajaban de Montjuïc y las llevaban en barcazas hasta el templo. De todas maneras, no creo que ello les reste mérito alguno.

Rosetón
Saliendo de una de las torres encontramos encima de nuestras cabezas el gran rosetón. No es el original, ya que en 1428 se desplomó a causa de un terremoto que provocó el pánico y la muerte de muchos fieles. Pobre del que se encontrara en ese momento dentro de la catedral. Se debió pensar que aquello era el mismísimo Apocalipsis.
En las terrazas laterales podemos ver varios rosetones pequeños. En este caso la piedra sí es la original, pero las vidrieras no. De hecho, la piedra está ennegrecida por uno de los incendios que afectaron al templo. Lo que parecen contrafuertes son de hecho canalizaciones para bajar el agua desde el tejado.
Sistema de refrigeración
del siglo XV 
Passeig del Born
La vista desde aquí es impecable: el Passeig del Born, donde se celebraban las justas de caballeros, parece una gran maqueta. Qué tentación la de los clérigos que desde allí soñaban con dominar las voluntades de aquellos diminutos ciudadanos. De hecho, una serie de pequeñas campanas de porcelana esconden agujeros por los que se pueden ver las luces de las velas situadas en la planta del templo. Este sistema de refrigeración del siglo XV también podía ser una gran tentación para el párroco de turno. Qué fácil era gritar por uno de estos agujeros "¡arrepentíos pecadores!" emulando la voz de Dios para luego poder tener repleto el confesionario, conocer todos los secretos del barrio y poder utilizarlos en tu propio beneficio.
Qué lástima. Ya tenemos que bajar del cielo gótico catalán y volver a poner los pies en el suelo. Sin embargo, desde allí abajo se puede contemplar otro cielo de piedra no menos maravilloso. Allí, en una clave de bóveda, mi subconsciente localiza inmediatamente la imagen de un caballero. No es nada menos que el rey Alfonso el Magnánimo alzando la espada a punto de cargar.
Situarlo en el punto más álgido es una manera muy gráfica de representar el origen divino de la monarquía, que en aquella época consolidaba su poder apoyando inteligentemente el auge de la burguesía para hacer de contrapeso del clero y la nobleza.
Pero al final, la admiración más grande se dirige hacia los bastaixos, pescadores y artesanos que sudaban hasta la última gota para tener un plato en la mesa. Y encima después de trabajar se ponían a construir una basílica. Acariciando estas piedras puedo notar sus cicatrices ...

domingo, 28 de septiembre de 2014

Piel de Harpía

Tienda vikinga.
Detalle de un musulmán de
Al-cura.
El pasado fin de semana Balaguer volvió a recuperar sus días dorados como capital del Comtat d'Urgell de la mano de más de 200 recreacionistas. Allí estuvo este humilde servidor en su doble faceta de cronista y caballero de la guardia condal.

Y es que los condes no repararon en gastos para ofrecer tres días de grandes festejos para el deleite de sus vasallos. Tras dar una vuelta por el campamento, al visitante le queda bien claro que en el Medievo quien se aburría era porque quería. Porque no todo se reducía al acero, amigas y amigos: juegos de pelota, destilación con alambrique, sesión de escriptorium, consejos de belleza, acuñado de monedas, por no hablar de los banquetes de la mano de Bastimento, con esa sopa de almendras y ese pollo con salsa de melocotón que muchos devoramos con fruición. Por no hablar de su hidromiel e hipocrás... puro elixir...

Sergio López.
Taller de caligrafía medieval.
Pero ahuyentemos las tentaciones del pecado y centrémonos en actividades más virtuosas. Justamente, yo el sábado asistí al taller de introducción a la caligrafía medieval impartido por Sergio López (Horiulfo), de Guardianes del Castelar. Fue realmente instructivo, ya que pudimos conocer algunas curiosidades, como que en aquella época también se empleaban abreviaturas mediante una serie de signos. Así que no vayamos de modernos con nuestro lenguaje whatsappero, que lo de acortar ya se inventó hace siglos. Sergio también nos explicó que existen multitud de variantes de las caligrafía carolina y gótica, y que cada escribanía solía emplear una seña de identidad propia, haciendo el rabillo de una letra de una manera particular.

Juego de La Soule.
Autor: Miquel del Riu
Pero no hay mens sana sin corpore sano, así que un grupo de vasallos se entregaron al juego de La Soule, organizado por Paco Boru. Una doncella permanece quieta en un extremo del campo y otra, en la otra punta. Cada equipo debe intentar llevar la pelota con palos y patadas a la 'parroquia' del equipo contrario. Hubo un momento que se produjo un auténtica melé de doncellas que buscaban desesperadamente la pelota, pero con los bajos de sus vestidos no la conseguían localizar. Al final, resulta que se la habían dejado unos metros atrás. Pues bien, al final, el equipo vencedor se llevó a la doncella como trofeo a su campamento, entre los vítores y las carcajadas del público.

Foto de familia de Arnau
Mir de Tost tras la batalla.
Por la tarde, sonaron los tambores de guerra, así que todos los combatientes fueron prestos a pertrecharse. En una primera fase se enfrentaron fuerzas vikingas contra las huestes musulmanas de Al-Qura, en un choque lleno de colorido. Después nos tocó el turno a los combatientes del siglo XIII. Llegó el momento de saldar cuentas con el Obispado por la disputa de unas tierras. La verdad es que tener a todas las órdenes militares en el bando contrario impone mucho respeto ¡Con la iglesia hemos topado! Pero al final, la victoria fue nuestra y las tierras volvieron al dominio condal. Fue un honor luchar al lado de mi nuevo compañero de armas Miquel. Seguiremos defendiendo los colores del Urgell allí donde sea menester.

La reina del baile
Miquel, con el estandarte de
Arnau Mir de Tost.
La Harpía de Balaguer.
Tras el tradicional desfile de antorchas por la muralla, algunos pudimos disfrutar del baile de la Harpía en la Plaza Mercadal, la figura mitológica -una ave con cabeza de mujer- más importante del bestiario de Balaguer, convertida en una geganta. Sin duda, una imagen llena de fuerza y magnetismo que simboliza a la perfección el carácter de esta ciudad, que mira al pasado con orgullo, no con nostalgia.

Homenaje a Ferran Balaguer.
Al regresar al campamento, se produjo el momento más emotivo del encuentro: el homenaje a Ferran Balaguer, el pionero de la recreación medieval en Catalunya recientemente desaparecido. Todos dejamos la antorcha en un pebetero y alrededor del fuego escuchamos los cánticos de la coral Ligua Franca. Después, sólo las campanas de Santa María de Balaguer se atrevieron a romper el silencio. Parecían unirse de esta manera al tributo... Piel de gallina, mejor dicho, piel de Harpía... Al final, el Premio Ferran Balaguer recayó en Jaume Penyafort, compañero de Ferran en el grupo Arquers del Rei Jaume.

Actuación de La Ringlera.
Pero, como bien dijo Ricard Monfort, de Arnau Mir de Tost, el homenaje no hubiera estado a la altura si nos hubiéramos dejado llevar por la tristeza. Y quién mejor para levantar los ánimos que el grupo La Ringlera. Sus tambores y grallas llenaron la noche de Balaguer de risas y buen rollo. Sólo deciros que al día siguiente tenía agujetas en los brazos y no sabía si era de la batalla o de tanto aplaudir.

Tienda de Al-cura.
El domingo fue el día de puertas abiertas del campamento. Se produjeron situaciones curiosas, como ver a algunas vecinas musulmanas de Balaguer haciendo fotos de manera apasionada a los guerreros almorávides de Al-cura (Alcora) y sus preciosas mujeres. Y es que, al final, todos estamos conectados a través de la historia.

Tienda de las Dames de Salern.
Y la actividad siguió frenética en el campamento. Mientras unos seguían con los juegos de pelota, las Dames de Salern desvelaban los secretos de belleza y salud para que una doncella estuviera 'divina' después de un largo viaje. Sin esos consejos, de buen seguro que muchas nobles y reinas no hubieran logrado persuadir con sus encantos para lograr ese tratado de paz tan provechoso o no hubieran causado tan buena impresión en determinada corte.

Muy cerca de allí, Xavi, el alquimista de Arnau Mir de Tost, destilaba aguardiente con el alambrique, pensando en su próximo objetivo: ¿El elixir de la vida eterna quizás? ¡Tiempo al tiempo! 

Sólo puede quedar uno
Empezó a chispear, amenazando la celebración de las lizas, pero nueve caballeros estaban ya pertrechados. No miraban al cielo, ni se preocupaban por el posible óxido que podía aparecer en sus armaduras, sólo pensaban en combatir. Y ciertamente lo hicieron de manera magistral. La final enfrentó a dos grandes guerreros curtidos en mil batallas: Carlos, de Miles Seculi, y Roger, de la Orden de la Espada. El trofeo se lo llevó Carlos, que revalidaba de esta manera el título de la pasada edición. 

Mesa de Arnau Mir de Tost.
Dolors, de Arnau Mir de Tost, junto
a Kiwi.
Pero no fue el único agasajado. El premio de la competición de azconas lo alzó Julio, de la coral Lingua Franca; el de hachas, Carlos Merchant, de Miles Seculi; Alba Ulfsteinsdottir, de Fornafolket, se impuso en la categoría de mejor vestimenta femenina; José Serrano, de Al-cura (Alcora), en la de mejor indumentaria masculina, y la jaima de las Dames de Salern fue considerada la mejor decorada.

Esta vez volví a casa con la sensación de no ir solo por los caminos. Quizás era Harpía, que con su vuelo imperial iba ahuyentando los peligros que me acechaban.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Dover Castle: la joia d'Enric II


Dover Castle.
Aquestes vacances he tingut la sort de visitar un dels castells més imponents d'Anglaterra: Dover Castle. Situat a uns 110 km de Londres, s'alça sobre els famosos penya-segats blancs d'aquesta localitat situada al comptat de Kent.

De fet, aquest lloc ha estat testimoni dels episodis més importants de la història britànica: des de la vinguda dels romans, passant per la conquesta normanda fins a la primera i segona guerra mundial. No en va se l'anomena la clau d'Anglaterra pel seu caràcter estratègic.

 Centrem-nos, però, a la seva època més esplendorosa: el regnat d'Enric II, el rei mes poderós de la seva època, senyor de l'Imperi Angeví, que s'estenia des d'Escòcia fins als Pirineus. Ell va voler plasmar aquest esplendor a la torre de l'homenatge de Dover, construïda entre els anys 1180 i 1185. Una sòlida torre de planta quadrada, amb murs de més de sis metres d'amplada i 25 metres d'alçada.


Torre de l'homenatge del Dover Castle.
Al seu interior l'English Heritage, una entitat pública encarregada de gestionar bona part del patrimoni històric del Regne Unit, ha fet una espectacular recreació de totes les cambres tal i com podrien haver estat just en el moment de la seva inauguració. 

De fet, segons l'English Heritage, és el projecte més ambiciós de recreació d'un palau medieval en més d'un segle. Al llarg de les tres plantes de la torre de l'homenatge s'hi exposen més de 500 peces que han requerit de la feina meticulosa d'un exèrcit de mestres artesans -ferrers, pintors, teixidors, terrissaires i fusters-, dirigits per un equip d'historiadors que han dedicat anys a investigar com seria la cort d'Enric II.

Planta baixa
Estandart amb l'escut
d'armes d'Enric II.
Aquí era on se situaven les cuines, la cerveseria, el forn i l'armer. Un espai ampli per a poder cuinar per a una cort àvida d'excessos, preparat per a encabir olles gegants, penjar peces senceres de vedella i xai, i a on, sobretot, no hi podien faltar els barrils de vi procedents de ben segur de la vall del Loira, on va néixer Enric II. 

A la part dretana de la planta baixa hi ha una gran escalinata. Aquí és on es feien les rebudes oficials. Inclou una característica única dels edificis normands d'aquests tipus: un capella per donar gràcies per haver-hi arribat sa i estalvi.


Moble de la cambra de
convidats.
Tapissos de la cambra de convidats.
Primera planta 
Pujant per les escales de cargol de l'esquerra, la primera planta dóna a la cambra de convidats, un espai ricament decorat amb armaris i baguls policromats amb preciosos detalls de ferradura i  tapissos que recreen escenes de caça. Fins i tot hi ha dos llits petits per infants. Recordem que els promesos reials d'aquella època eren menors en moltes ocasions. 

A l' ala dreta d'aquesta planta trobem el saló de convidats, on de ben segur s'hi van celebrar banquets exquisits i s'hi van xiuxiuejar intrigues de palau. Potser aquest va ser també l'escenari on alguns dels seus fills van començar a conspirar contra ell. 
Saló de convidats.

Segona planta

Recreació del llit reial.
Detall del moble
de la cambra reial.
Aquí trobem la cambra privada del rei, on és fàcil quedar-se bocabadat i aclaparat davant tantes expressions de luxe i distinció. Cal aturar-se i observar amb molta cura per tal d'assimilar tots els detalls. Sobre els mobles policromats podem trobar les figures pintades dels reis d'Israel David i Salomó, i dels reis de Judà Asa i Josafat, evocant d'aquesta manera l'origen diví de la monarquia. 

El llit és un conjunt espectacular: amb pintures al capçal i, als costats, tapissos i cadires amb poms en forma de caps d'àliga que transmeten una gran solemnitat. Davant la llar de foc, que per cert és encesa per donar caliu a la cambra, hi trobem una taula amb la reproducció dels escacs de l'illa de Lewis que s'exposen al British Museum de Londres, un detall molt encertat, ja que data del segle XII. El visitant se sent un petit vassall davant aquesta majestuositat... Ben bé aquest devia ser l'objectiu.
Saló reial d'Enric II.
Tapís del saló reial.

Al costat, el saló reial presidit per un impressionant tapís que llueix el ferotge lleó rampant procedent de l'escut d'armes d'Enric II. Els tapissos dels laterals recreen la conquesta normanda, això sí, amb la indumentària i l'armament corresponents a finals del segle XII. No deixeu passar l'oportunitat de seure al tron del rei, una veritable joia d'ebenisteria, i experimentar per uns segons que se sent tenint un imperi a les teves mans.


Dover Castle: la joya de Enrique II
Trebuchet.
Estas vacaciones he tenido la suerte de visitar uno de los castillos más imponentes de Inglaterra: Dover Castle. Situado a unos 110 km de Londres, se levanta sobre los famosos acantilados blancos de esta localidad situada en el condado de Kent.

De hecho, este lugar ha sido testigo de los episodios más importantes de la historia británica: desde la venida de los romanos, pasando por la conquista normanda hasta la primera y segunda guerra mundial. No en vano se le denomina la llave de Inglaterra por su carácter estratégico.

Barbacana del siglo XII.
Pero centrémonos en su época más esplendorosa: el reinado de Enrique II, el rey más poderoso de su época, señor del Imperio Angevino, que se extendía desde Escocia hasta los Pirineo. Él quiso plasmar este esplendor en la torre del homenaje de Dover, construida entre los años 1180 y 1185. Una sólida torre de planta cuadrada, con muros de más de seis metros de anchura y 25 metros de altura.

En su interior el English Heritage, una entidad pública encargada de gestionar buena parte del patrimonio histórico del Reino Unido, ha hecho una espectacular recreación de todas las cámaras tal y como podrían haber sido justo en el momento de su inauguración.

De hecho, según el English Heritage, es el proyecto más ambicioso de recreación de un palacio medieval en más de un siglo. A lo largo de las tres plantas de la torre del homenaje se exponen más de 500 piezas que han requerido del trabajo meticuloso de un ejército de maestros artesanos -herreros, pintores, tejedores, alfareros y carpinteros-, dirigidos por un equipo de historiadores que han dedicado años a investigar cómo sería la corte de Enrique II.

Planta baja
Cocina.
Aquí era donde se situaban las cocinas, la cervecería, el horno y la
armería. Un espacio amplio para poder cocinar para una corte ávida de excesos, preparado para acoger ollas gigantes, colgar piezas enteras de ternera y cordero, y donde sobre todo no podían faltar los barriles de vino procedentes, de buen seguro, del valle del Loira, donde nació Enrique II.

En la parte derecha de la planta baja hay una gran escalinata. Aquí es donde se hacían los recibimientos oficiales. Incluye una característica única de los edificios normandos de este tipo: un capilla para dar gracias por haber llegado sano y salvo.

Primera planta 
Cama de Enrique II.
Tapiz con una recreación
del sello de Enrique II.
Subiendo por las escaleras de caracol de la izquierda, se llega a la cámara de
invitados, un espacio ricamente decorado con armarios y baúles policromados con preciosos detalles de herrería y tapices que recrean escenas de caza. Incluso hay dos camas pequeñas para niños. Cabe recordar que los prometidos reales de aquella época eran menores en muchas ocasiones.

En el ala derecha de esta planta encontramos el salón de invitados, donde a buen seguro se celebraron banquetes exquisitos y se susurraron intrigas palaciegas. Quizás este fue también el escenario donde algunos de sus hijos empezaron a conspirar contra él.

Segunda planta
Detalle del cabezal
de la cama de Enrique II.
Arcón situado en la estancia real.
Aquí encontramos la cámara privada del rey, donde es fácil
quedarse boquiabierto y abrumado ante tantas expresiones de lujo y distinción. Hay que pararse y observar con detenimiento para asimilar todos los detalles. Sobre los muebles policromados podemos encontrar las figuras pintadas de los reyes de Israel David y Salomón y de los reyes de Judá Asa y Josafat, evocando de este modo el origen divino de la monarquía.

Reproducción del ajedrez
de la isla de Lewis.
La cama es un conjunto espectacular: con pinturas en el cabezal y, a los lados, tapices y sillas con pomos en forma de
Recreación de un silla
de Enrique II.
cabezas de águila que transmiten una gran solemnidad. Ante la chimenea, que por cierto es encendida para dar calidez a la cámara, encontramos una mesa con la reproducción del ajedrez de la isla de Lewis que se expone en el British Museum de Londres, un detalle muy acertado, puesto que data del siglo XII. El visitante se siente un vasallo pequeño ante esta majestuosidad... De buen seguro que éste debía ser el objetivo.

Al lado, el salón real presidido por un impresionante tapiz que luce el feroz león rampante procedente del escudo de armas de Enrique II. Los tapices de los laterales recrean la conquista normanda, eso sí, con la indumentaria y el armamento correspondientes a finales del siglo XII. No dejéis pasar la oportunidad de sentaros en trono del rey, una verdadera joya de ebanistería, y experimentar por unos segundos que se siente teniendo un imperio en tus manos.

Más información sobre la recreación de la torre del homenaje de Dover Castle:

Reproducción de un mapamundi
expuesto en el salón real. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Un festí íntim a Baldomar

Dama de Salern i dama de Claramunt.
Aquest cap de setmana es van reunir a Baldomar (Lleida) diversos representats d'algunes de les més distingides famílies nobles de la Corona d'Aragó. Un faust esdeveniment que no va poder ser el centre de les mirades curioses de la plebs del segle XXI, degut a l'estricta discrecionalitat en la que es va celebrar. I no és que a aquestes distingides dames i barons no els hi agradi rebre les mostres d'afecte dels seus vassalls. És que de tan en quan els hi encanta trobar-se en secret per poder comentar sense recança les intrigues palatines i entregar-se a les activitats de lleure mes luxoses.
Jo vaig tenir la sort d'assistir a aquest festí com a
cronista del meu senyor Arnau Mir de Tost, que exercia d'amfitrió. L'absència d'horaris i menesters establerts va permetre als convidats esplaiar-se en el desenvolupament de les seves habilitats.
Dama de Salern i arquer d'Arnau Mir de Tost.
Algunes de les dames van optar pels treballs de costura, elaborant bordats, filatures i cordills molt refinats. Dues dames de Salern, dotades amb un ampli ventall d'herbes medicinals i una complerta farmaciola, van atendre diferents consultes mèdiques dels assistents. També va haver temps pels jocs de taula.
Com no soc gaire destre en els treballs manuals, em vaig dedicar al que se'm dona millor: menjar, beure i gaudir de les sobretaules al caliu del foc. Els riures s'estenien com una plaga, regats pel limonchello amb el segell inconfusible del mestre dels licors, en Xavi, i les picants ocurrències d'en Roger, Baró de Pinós, fruit de la seva ànima d'almogàver.
Cavaller
d'Arnau Mir de Tost
La taula va veure passar plats exquisits com el porc senglar amb bolets d'en Roger, el ternasco d'Aragó del també almogàver Paco, la sopa d'ametlles de la Companyia de Claramunt, la coca de recapte d'en Miquel i els postres de les dames de Salern. 
Però també vam alimentar l'esperit. Vam compartir inquietuds sobre el personatges i moments històrics que més ens motiven, quedant palès que l'Edat Mitjana exerceix sobre tots nosaltres un magnetisme irresistible. En definitiva, una època que s'erigeix en un vincle col.lectiu.
Per a mi, recreacionista novell, aquestes trobades són com un autèntic llibre obert, perquè aprenc molts detalls de la vida quotidiana d'una manera diferent. Es fàcil oblidar la frase d'un escrit. En canvi, una imatge, un olor, una sensació... això roman. És la nostra màquina del temps. 

Este fin de semana se reunieron en Baldomar (Lleida) varios representantes de algunas de las más distinguidas familias nobles de la Corona de Aragón. Un fausto acontecimiento que no pudo ser el centro de las miradas curiosas de la plebe del siglo XXI, debido a la estricta discrecionalidad en la que se celebró . Y no es que a estas distinguidas damas y varones no les guste recibir las muestras de afecto de sus vasallos. Es que de vez en cuando les encanta encontrarse en secreto para poder comentar sin reparos las intrigas palaciegas y entregarse a las actividades de ocio más lujosas.
Yo tuve la suerte de asistir a este festín como cronista de mi señor Arnau Mir de Tost, que ejercía como anfitrión. La ausencia de horarios y menesteres establecidos permitió a los invitados explayarse en las desarrollo de sus habilidades.
Dama de Arnau Mir de Tost i dama de Salerno.
Algunas de las damas optaron por los trabajos de costura, elaborando bordados, hilados y cordeles muy refinados . Dos damas de Salerno, dotadas con un amplio abanico de hierbas medicinales y un completo botiquín, atendieron diferentes consultas médicas de los asistentes. También hubo tiempo para los juegos de mesa.
Como no soy muy diestro en los trabajos manuales, me dediqué a lo que se me da mejor: comer, beber y disfrutar de las sobremesas al calor del fuego. Las risas se extendían como una plaga, regadas por limonchello con el sello inconfundible del maestro de los licores, Xavi, y las picantes ocurrencias de Roger, Barón de Pinós, fruto de su alma de almogávar.
Barón de Pinós.
La mesa vio pasar platos exquisitos como el jabalí con setas de Roger, el ternasco de Aragón del también almogávar Paco, la sopa de almendras de la Compañía de Agramunt, la coca de recapte de Miquel y los postres de las damas de Salerno.
Pero también alimentamos el espíritu. Compartimos inquietudes sobre los personajes y momentos históricos que más nos motivan, quedando patente que la Edad Media ejerce sobre nosotros un magnetismo irresistible. En definitiva, una época que se erige en un vínculo colectivo.
Para mí, recreacionista novato, estos encuentros son como un auténtico libro abierto, porque aprendo muchos detalles de la vida cotidiana de una manera diferente. Es fácil olvidar la frase de un escrito. En cambio, una imagen, una olor, una sensación... eso permanece . Es nuestra máquina del tiempo.